Comprender la falta de libido
Sentir que el deseo ha disminuido o incluso desaparecido es más común de lo que pensamos. Sin embargo, sigue siendo un tema del que se habla poco y que muchas mujeres viven en silencio, con dudas y, a veces, con vergüenza.
La falta de deseo sexual no es un detalle aislado: toca nuestra energía, nuestra vitalidad y la manera en que nos vinculamos con nosotras mismas y con los demás.
¿Cómo nos afecta cuando el deseo no está?
- En el cuerpo: podemos sentirlo pesado, desconectado, sin ganas de moverse ni de sentir placer.
- En las emociones: aparecen frustración, culpa, tristeza o incluso indiferencia.
- En los vínculos: se genera distancia en la pareja o dificultad para confiar en la posibilidad de tener una relación íntima.
- En la autoestima: cuando no reconocemos en nosotras la chispa del deseo, puede surgir inseguridad y una pérdida de confianza en nuestra capacidad de disfrutar.
- En la energía vital: el deseo está conectado a la creatividad, la motivación y la alegría. Cuando se apaga, todo parece más plano.
¿Por qué sucede?
No hay una única causa. El deseo se mueve en un terreno complejo donde influyen lo físico, lo emocional, lo mental y lo social. Algunos factores que pueden estar presentes son:
- Estrés y sobrecarga: vivir en piloto automático, con jornadas exigentes y poco descanso, drena la energía que podríamos dedicar al placer.
- Desconexión del cuerpo: cuando no nos damos espacio para sentir, cuidar y habitar nuestro cuerpo, se vuelve difícil que aparezca el deseo.
- Cansancio emocional: atravesar duelos, preocupaciones o tensiones sostenidas hace que el cuerpo busque supervivencia antes que disfrute.
- Creencias y estereotipos de género: la idea de que “el deseo debería ser espontáneo”, que “las mujeres deseamos menos” o que “si no hay pareja no hay sexualidad” son mensajes que bloquean y condicionan.
- Experiencias de dolor o incomodidad sexual: si el encuentro íntimo está asociado a molestias o recuerdos desagradables, el cuerpo se protege apagando el deseo.
- Cambios vitales: la maternidad, las transiciones de etapa o el climaterio pueden modificar el deseo, aunque no son determinantes en sí mismos.
Lo importante es comprender que el deseo no desaparece porque “algo está roto”, sino porque necesita otras condiciones para expresarse.
Lo que sabemos hoy
El deseo es una energía viva y moldeable. La investigación en neurociencia muestra que el cerebro es plástico: cuando cultivamos experiencias de placer y conexión, se refuerzan las redes neuronales que sostienen el deseo. ✨ Esto significa que el deseo puede cambiar, cultivarse y volver a crecer cuando lo acompañamos con consciencia y cuidado.
¿Cómo puede ayudar la terapia sexual con Placer a la vida?
La terapia sexual no busca “imponer” el deseo, sino acompañar a que cada mujer pueda redescubrirlo a su ritmo. En este espacio se facilita:
- Explorar qué factores influyen en la falta de deseo.
- Reconectar con el cuerpo como fuente de placer y vitalidad.
- Revisar creencias y estereotipos que bloquean la sexualidad.
- Facilitar experiencias seguras para que el cuerpo reconozca el deseo ya existente y, gracias a la neuroplasticidad, pueda potenciarlo y expandirlo.
- Recuperar una vivencia de la sexualidad libre, genuina y sin exigencias.
Una práctica sencilla para despertar el deseo
El deseo empieza mucho antes del contacto sexual. Puede cultivarse en los pequeños gestos de conexión cotidiana:
- Respira profundo y coloca tu mano sobre el corazón y otra sobre el vientre.
- Percibe las sensaciones: calor, movimiento interno, cosquilleo.
- Invita un movimiento suave, como un balanceo de caderas o acariciar tu piel con atención.
- Pon una canción que te anime a moverte y deja que tu cuerpo se exprese con libertad, sin exigencias.
- Observa cómo cambia tu energía y nota si surge un pequeño cosquilleo de vitalidad.
Estos pequeños actos estimulan la química del placer (dopamina, oxitocina), preparando el terreno para que el deseo vuelva a florecer.
✨ El deseo es como una semilla: necesita cuidado, tiempo y confianza para brotar. Y cuando lo hace, devuelve color, energía y conexión a la vida entera.



